jueves, 25 de agosto de 2016

La Familia Política



Cuando una relación de pareja se consolida, el trato con la familia del otro/a es cada vez más frecuente y adquiere más significación. Empezamos a formar parte también de la familia de nuestra pareja.

Comenzar a formar parte de una nueva familia no siempre es sencillo, no solamente para el recién llegado, sino tampoco para el que recibe a un nuevo miembro.

Esto, generalmente implica tener que compartir comidas, reuniones, celebraciones…y puede haber diferencias, culturales, sociales o personales que dificulten estos primeros acercamientos. Puede ayudar el pensar, desde un principio, en cómo nos gustaría a nosotros que fueran tratadas las personas que queremos, es decir cómo queremos que nuestros padres respeten a nuestra pareja y a la inversa. Y actuar nosotros mismos en función de ello.

Para facilitar que las relaciones con ambas familias sean más agradables es importante intentar entender todos los puntos de vista, esto nos ayudará a expresar nuestras necesidades sin dañar a nadie.

Ante cualquier desacuerdo y si pensamos que no tienen razón, podemos hacerles saber que, aunque valoramos mucho su opinión, en este tema no estamos de acuerdo y no deseamos que intervengan, que preferimos manejar la situación y solucionarlo en el ámbito privado de la pareja. Y agradecerles que respeten nuestra relación de pareja aunque no compartan nuestras opiniones. Y pensar más en las cosas que nos unen que en las que nos separan. Y esto vale tanto para nuestros propios padres, como para los de nuestra pareja.



Si lo que nos molesta es la actitud que la familia de nuestra pareja muestra hacia nosotros, podemos hablarlo con nuestra pareja explicándole claramente cómo nos sentimos en la situación concreta, sin criticar, ni despreciar a su familia y dejar en manos de la pareja el tratar estas actitudes con su familia.

Cuando una pareja constituye su propia familia, todos tendrán que asumir que se inicia una nueva etapa entre ellos. La pareja inicia una nueva historia independiente de sus padres, y esta independencia puede ser también una fuente de conflictos con los padres. A veces ocurre que uno o ambos miembros de la pareja tiene dificultades para modificar el vínculo que ha mantenido hasta ese momento con su familia de origen y les permite que continúen intervinendo e involucrándose en la toma de decisiones y en la solución de los distintos problemas que puedan surgir en la pareja y que deben ser afrontados y resueltos por la pareja.

Incluso cuando el contacto con las respectivas familias no sea muy frecuente, siempre es necesario respetar sus costumbres, educación y estilo de vida, de la misma manera que las familias tendrán que aceptar, entender y respetarte a ti, a tu nueva familia y a tu relación de pareja.

Tener conflictos con nuestras familias realmente causa malestar a todos y generalmente nadie quiere que las cosas sean así, sencillamente es que no saben o no sabemos hacer las cosas de otro modo.

  








Cristina Enseñat Forteza-Rey 
Psicóloga General Sanitaria
Orientadora Familiar




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lunes, 15 de agosto de 2016

Y fueron felices y comieron perdices!



“Fueron felices y comieron perdices”….¿y ahora qué?...



¿Cómo aprendes a convivir con tu pareja?, ¿cómo superaréis las dificultades? Incluso, ¿cómo afrontarás una ruptura?

En el inicio de una relación de pareja, cuando ambos están enamorados, predominan las expectativas románticas e idealizadas sobre cómo es la otra persona y cómo será nuestra futura vida como pareja.

Y a pesar de que en esta primera etapa ya aparecen las primeras diferencias entre la pareja, preferimos concentrarnos en los aspectos positivos de la relación dejando pasar estos momentos de malestar, justificándolos o minimizándolos. 

Según va pasando el tiempo, la realidad se impone y ya no podemos seguir manteniendo esa imagen ideal y maravillosa de la otra persona, y a veces se tiene la sensación de que nos han fallado, cuando posiblemente lo que ha ocurrido es que nosotros no hemos sabido verle como realmente era. 

Este enfrentamiento entre nuestra idealización y la realidad es lo que va a desencadenar los primeros desencuentros y dificultades en la pareja. Y la manera cómo la pareja afronte estas primeras situaciones constituirá los cimientos sobre los que se construirá su manera de funcionar como pareja, cómo se comunicarán, qué comunicaran, cómo lo harán para conseguir llegar a acuerdos.

Ya que cada persona siente, piensa y actúa de forma diferente y tiene sus propias necesidades, los problemas surgirán cuando no se acepte que ambos pueden tener diferentes formas de ser y de expresar sentimientos y/o cuando no se tengan en cuenta las opiniones del otro queriendo imponer las propias.

Tener estas diferencias es algo inevitable y la pareja tendrá que aprender a solucionarlas de manera equilibrada y satisfactoria para ambos, con esfuerzo y aceptando que los desacuerdos forman parte de la vida en común. De qué manera esto se haga, dependerá que la pareja se debilite o se refuerce y consolide.

Pero cuando más evidentes se hacen las diferencias entre cada uno es cuando se inicia la convivencia en pareja, especialmente cuando todavía se continua idealizando a la otra persona, entonces la convivencia hará que se desvanezca esa idealización y aparezcan las diferencias.

A partir de ahí, habrá que realizar un esfuerzo para conseguir adaptarse mutuamente, ya que en la convivencia habrá que renunciar a una parte del propio estilo de vida anterior para comenzar un proyecto de vida en común basado en el amor.

El reparto de las obligaciones y tareas domésticas, la relación con las familias de ambos o temas relacionados con el manejo del dinero o de la educación de los hijos, son algunos de los motivos de discusión más frecuentes.

En todos estos temas, cuando un miembro de la pareja quiere imponerse al otro en la forma de hacer y de organizarse, lo normal es que el otro no esté dispuesto a someterse, apareciendo en la pareja conflictos de adaptación. Lo ideal es conseguir una equidad entre los dos miembros de la pareja y esto no es fácil de lograr.

Así que:

Habla con tu pareja abiertamente sobre tus sentimientos, deseos y necesidades, sin esperar que la otra persona adivine lo que te ocurre.

Escucha a tu pareja, mostrando una actitud empática, intenta ponerte en su lugar y respeta sus puntos de vista y sus valores.

Aprende a ser tolerante con tu pareja, acepta que es normal tener diferencias y que sus opiniones son tan válidas como las tuyas.

Colabora para tomar las decisiones de forma compartida.

Valorad mutuamente lo que cada uno hace por el otro, cuidando la relación cada día.







Cristina Enseñat Forteza-Rey
Psicóloga General Sanitaria
Orientadora Familiar



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jueves, 4 de agosto de 2016

El abuso del NO para poner límites




No saltes en el sofá”
“No tires los juguetes”
“No grites”
“No corras”
“No se pega”
“No se pintan las paredes”
“No digas palabrotas”

En realidad estás cansada/o de estar siempre con el NO cuando intentas poner límites y normas a tus hijos, porqué hacerlo constantemente a través del NO resulta agotador y poco eficaz y acaba creando un ambiente en casa muy negativo, tanto para los padres como para los hijos.

Prueba algo distinto!

Tendrás más éxito del que te puedas imaginar y te sentirás más alegre y positiva/o.
Y lo que es mejor, los niños te harán más caso! 

Ya no tendrás que repetir las cosas una y otra vez, los niños entenderán mucho mejor lo que les dices y se esforzarán en hacer lo correcto. Y el ambiente ser volverá mucho más amable para todos.

Por ejemplo, cambia

“No te subas a la silla” por “en la silla se pone el culo, los pies van al suelo.”
 
No te subas a la mesa” por “los pies van al suelo, baja por favor.” 

“¡No pegues!” por “con las manos se dan caricias; a los amigos se les abraza.”

“¡No se muerde!” por “se muerden las manzanas, a los nenes se le dan besos; o, con la boca se dan besos. “ 

No juegues con la cuchara” por “la cuchara sirve para comer” (y si insiste se la quitamos durante unos momentos). 

No se habla con la boca llena” por “ahora tienes la boca llena y no te entiendo. Primero traga y después me lo cuentas“ 

No se pintan las paredes!” por “se pinta en los folios” (darle un folio en ese momento). 

“¡No grites!” por “cuando hables más flojo te atiendo. “

“No te levantes de la mesa” por “ahora has de estar sentado, cuando acabes te levantas.”

Usa el NO de manera puntual para momentos en los que realmente necesites ejercer la autoridad, entonces cobrará sentido y será más atendido por los niños.











Cristina Enseñat Forteza-Rey 
Psicóloga General Sanitaria
Orientadora Familiar





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